(ORBE).-
En la ciudad de Santiago falleció el 28 de noviembre de 1841
Manuel de Salas Corbalán, a la edad de 87 años, ilustrado
hombre de la independencia, conocido como «El Taita Salas».
En su vida demostró ser uno de los servidores públicos y
filántropo, más digno de recordar.
Su familia formó parte de la más alta aristocracia del país,
por lo que Salas ingresó como Alférez al Regimiento de la
Nobleza, a los 13 años de edad, en 1767, y siete años más
tarde recibió el grado de Capitán, en 1774.
Mientras tanto, su progenitor fue nombrado asesor del virrey
del Perú, razón por la cual la familia se trasladó a Lima,
donde Salas ingresó a la Universidad de San Marcos,
titulándose de Bachiller en 1773. Al año siguiente, recibió
el despacho de abogado de manos de la Real Audiencia de
aquella ciudad.
Ese mismo año regresó a Chile, siendo elegido alcalde del
Cabildo de Santiago en 1775. Entre 1777 y 1782, permaneció en
España. A su regreso, Ambrosio O’Higgins lo nombró
Superintendente de Obras Públicas, correspondiéndole dirigir
la reconstrucción del tajamar del río Mapocho.
Posteriormente, el rey Carlos IV lo nombró Síndico del
Consulado en 1795.
También fundó la cátedra de matemáticas de la Universidad de
San Felipe y el primer colegio de dibujo técnico en Santiago.
Asumió la dirección de la Academia de San Luis en 1798. En
1804 encargó al profesor Vicente Caballero la formación del
primer plano de Santiago.
En 1810 formó parte, junto con José Antonio Rojas y otros,
del grupo que se llamó «de la Ilustración», porque leían a
los autores franceses de esa denominación y eran más cultos y
más liberales que el resto de sus compatriotas. Así, con sus
56 años de edad, fue uno de los promotores de la Primera
Junta de Gobierno, instalada en Santiago. Luego formó parte
del Primer Congreso Nacional en 1811, como Diputado por el
Departamento de Itata.
En esta época, también se dedicó a escribir textos políticos.
A su pluma se deben importantes documentos tales como «El
Diálogo de los Porteros» y «la Carta al Señor Patricio
Español», en los que defendió el derecho de los chilenos a
formar un gobierno autónomo.
Sin embargo, su obra de mayor significación, y que lo retrata
en su dimensión de humanista, fue la Ley de Libertad de
Vientres de 1811, que decretó el término de la esclavitud
para los hijos de esclavos que nacieran en Chile, desde la
fecha de promulgación de dicho cuerpo legal, prohibiéndose,
además, el ingreso de nuevos esclavos al país.
Posteriormente, en 1823, fue el promotor de la abolición
total de esta institución.
En 1812 colaboró con el primer periódico de Chile, «La Aurora
de Chile», y formó parte de la Junta Patriótica que promulgó
la primera Constitución chilena en 1812. Luego por desacuerdo
con el General José Miguel Carrera Verdugo se dirigió a
Mendoza y regresó en 1814, siendo nombrado por el General
Francisco de la Lastra de la Sotta, miembro del Senado
Consultivo.
Ese mismo año, tras el desastre de Rancagua, fue tomado
prisionero durante la Reconquista Española y deportado a la
isla de Juan Fernández. La victoria patriota en la batalla de
Chacabuco en febrero de 1817, le devolvió la libertad.
Entonces, en 1818 fue nombrado primer bibliotecario de la
Biblioteca Nacional, y en 1819 miembro de la Comisión
Fundadora del Cementerio de Santiago.
También promovió la acuñación de la moneda de cobre que él
llamó «la moneda de los pobres». Además, introdujo en Chile
el cultivo del cáñamo, del lino, de la morera, de la
higuerilla y del gusano de seda. También promovió la
fabricación de la loza vidriada, del tejido de géneros
ordinarios, dando así vida a las industrias populares.
En 1823 fue presidente del Consejo de Estado. Fue Diputado
por Santiago a la Asamblea Provincial de Santiago en 1823;
Presidente del Congreso el 9 de agosto de 1823; Diputado en
1831 y presidente accidental de la Asamblea Provincial de
Santiago el 12 de marzo de 1831.
Una de sus últimas actividades públicas se relacionó con la
fundación de la Sociedad de Agricultura, a través de la cual
se esperaba introducir maquinarias, semillas y nuevas
técnicas desarrolladas en Europa, a fin de mejorar la
producción agrícola chilena.
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