Científicos están encontrando señales tumorales en la saliva que pueden ser la clave para desarrollar pruebas de diagnóstico de diversos tipos de cáncer.
Afines de los años cincuenta, el dentista y capitán de la Armada de Estados Unidos Kirk C. Hoerman, por entonces un joven treintañero, intentó responder una pregunta audaz: ¿sería posible que la saliva de los pacientes con cáncer de próstata presentara características distintas a la de personas sanas? En otras palabras: ¿sería posible que la saliva registrara rastros de una enfermedad tan alejada de la boca?
Sin gastar saliva en disquisiciones elaboradas, Hoerman y sus colegas del departamento de investigaciones dentales del Centro de Entrenamiento Naval, en Great Lakes, Illinois, pusieron manos a la obra. Analizaron muestras de más de 200 enfermos y controles sanos y constataron que la saliva de los pacientes con cáncer de próstata sin tratar presentaba un aumento significativo en los niveles de unas enzimas llamadas fosfatasas ácidas.
Los investigadores hicieron entonces una reflexión premonitoria: quizás sea valioso observar cambios bioquímicos discretos en tejidos distantes del sitio de origen del tumor, escribieron en 1959 en la revista Cancer.
Más de 60 años después, la idea de que los análisis de la saliva puedan servir para la detección de distintos tipos de cáncer está ganando tracción en la comunidad científica. En la literatura especializada, los trabajos que contienen las palabras clave “diagnóstico”, “cáncer” y “saliva” crecieron más de diez veces en las últimas dos décadas, pasando de 26 en 2001 a 117 en 2011, 183 en 2016 y 319 en 2021, según la base PubMed, un motor de búsqueda de artículos de investigación biomédica.
El atractivo de este enfoque es evidente. Aunque el cáncer puede ser diagnosticado a través de una biopsia de tejido, el procedimiento requiere de médicos entrenados empuñando agujas largas, bisturíes, endoscopios u otras herramientas que se entrometen en el cuerpo para tomar la muestra. La biopsia líquida, que busca rastros de componentes tumorales en fluidos como la sangre, la orina, el líquido cefalorraquídeo, el semen o la saliva, es una alternativa menos invasiva. De todas ellas, la muestra más sencilla de recoger es, sin duda, la saliva.
Es un enfoque que ya ha dado resultado: en 2021, la agencia regulatoria de medicamentos y dispositivos médicos de Estados Unidos, la FDA, le dio una designación de dispositivo innovador —concedido a dispositivos novedosos que tengan el potencial de proporcionar un tratamiento o diagnóstico más eficaz de enfermedades graves— a una herramienta de prediagnóstico de cáncer oral y de garganta en saliva, desarrollada por la empresa estadounidense Viome. Basada en inteligencia artificial y aprendizaje automático, la herramienta analiza en una muestra de saliva la actividad de genes (en particular, del ARN mensajero) de la comunidad bacteriana alojada en la boca. Por razones que se ignoran, esa comunidad se modifica cuando se desarrolla un tumor en labios, lengua, garganta o zonas aledañas.
“Durante décadas, la saliva fue considerada como un hijastro de la sangre”, dice la química Chamindie Punyadeera, ahora en la Universidad Griffith, en Australia, quien trabajó una década en el desarrollo de la prueba de diagnóstico en saliva de Viome y es la autora principal del estudio que la describe en NPJ Genomic Medicine. Pero esa valoración de la saliva como algo secundario podría empezar a cambiar en los próximos años con el avance de técnicas para analizar este fluido corporal y el mejor entendimiento de qué información puede encerrar. “Como la saliva puede ser recolectada de manera no invasiva, un paciente empoderado podría tomar múltiples muestras y volverse administrador de sus propias pruebas diagnósticas”, augura Punyadeera.
Por Matías A. Loewy Para @ knowablemagazine @radiofmmasscl
