Los cochayuyeros de Tirúa: el largo regreso de una tradición que resiste al tiempo

Los cochayuyeros de Tirúa: el largo regreso de una tradición que resiste al tiempo

Juan Briceño

Con el amanecer frío de este martes comenzó el retorno de los cochayuyeros de Tirúa hacia la costa de la Región del Biobío, cerrando así una travesía de más de dos meses marcada por el esfuerzo, la vida comunitaria y la persistencia de un oficio ancestral que aún sobrevive en los caminos del sur de Chile.

Desde la pequeña localidad de Casa de Piedra, ubicada en la comuna de Tirúa, partieron el pasado 10 de marzo tres carretas tiradas por bueyes, cargadas de cochayuyo y de historia. Sus ocupantes emprendieron una ruta de casi 500 kilómetros recorriendo pueblos y ciudades como Purén, Los Sauces, Angol, Collipulli, Mulchén, Los Ángeles, Nacimiento y Renaico, además de numerosas localidades intermedias donde ofrecieron el tradicional producto del mar chileno.

El viaje, sin embargo, no fue fácil. Los propios cochayuyeros reconocieron que las ventas estuvieron bajas este año, una realidad que refleja las dificultades económicas que enfrentan muchos pequeños productores y cultores de oficios tradicionales. Aun así, siguieron adelante, acompañados de sus familias y de sus inseparables bueyes, cuyos cascos fueron protegidos con “ojotas” especialmente adaptadas para soportar el desgaste del pavimento durante las largas jornadas de trayecto.

Más que comerciantes itinerantes, estos hombres y mujeres representan una expresión viva del patrimonio cultural del sur de Chile. Su labor no solo mantiene vigente una práctica de recolección y comercialización heredada por generaciones, sino que también conecta al territorio con la memoria del mar, los caminos rurales y la economía de subsistencia.

Hace algunos años, durante el gobierno del expresidente Sebastián Piñera, esta agrupación de cochayuyeros de Casa de Piedra fue reconocida como “Tesoros Humanos Vivos”, distinción que buscó visibilizar y proteger esta práctica cultural y productiva, considerada parte importante del patrimonio inmaterial chileno.

En tiempos donde la velocidad y la industrialización parecen imponerse sobre las tradiciones, el paso lento de las carretas recuerda otra manera de habitar el territorio: una relación profunda con la naturaleza, el trabajo familiar y la identidad costera.

El cochayuyo, noble alimento marino presente desde hace siglos en la cocina chilena, sigue siendo el símbolo de esta travesía. Detrás de cada atado vendido hay kilómetros de camino, sacrificio y una cultura que se niega a desaparecer.

Hoy, mientras emprenden el regreso a Tirúa, queda también el reconocimiento y la admiración hacia quienes continúan defendiendo una tradición que forma parte del alma del sur de Chile.

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