Viña Cortez destaca con medallas, exportación y una innovadora sangría inspirada en el Valle del Itata

Viña Cortez destaca con medallas, exportación y una innovadora sangría inspirada en el Valle del Itata

Juan Briceño

La tradición vitivinícola del Valle del Itata continúa ganando reconocimiento nacional e internacional gracias al trabajo de pequeños productores que han sabido combinar herencia campesina, innovación y identidad territorial. Ese es el caso de Viña Cortez, emprendimiento familiar que ha logrado importantes distinciones, exportaciones y el desarrollo de una singular sangría elaborada con sabores propios de la zona.

La viña, fundada en 2008 por Bernardo Cortez y que comenzó a embotellar en 2012, obtuvo el título de “mejor de los mejores” para su Cinsault 2022, además de tres medallas en el Concurso de Vinos del Itata. Estos reconocimientos reflejan el trabajo de una familia ligada históricamente al cultivo de la vid y al manejo tradicional de las parras del Ñuble profundo.

Bernardo Cortez, hijo y nieto de viñateros, señala que desde temprana edad aprendió sobre la ubicación de los terrenos, la relación de las parras con el sol y las técnicas de manejo natural, conocimientos heredados de generaciones anteriores.

Junto a él trabaja Marcia Rondinelli, socia fundadora y pieza clave en el proceso creativo y comercial de la viña. Según explican, una de las estrategias más importantes ha sido observar las preferencias de los consumidores y utilizar las ferias como espacios para conocer nuevos mercados y ampliar la oferta de productos.

Uno de los desarrollos más innovadores de la bodega ha sido la creación de la “Sangría del Itata”, bebida elaborada a partir de vino país del valle y esencias naturales de durazno, manzana y naranja. El proceso de prueba se extendió por casi un año hasta lograr una fórmula fresca y pensada especialmente para servirse fría.

El crecimiento de la viña también ha contado con apoyo del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), organismo que ha colaborado en capacitación técnica, acceso a asesorías especializadas, participación en certámenes y articulación con otras viñas locales. Gracias a ello, Viña Cortez concretó además su primera exportación hacia China.

Actualmente, Bernardo y Marcia continúan impulsando las cepas patrimoniales del Valle del Itata, especialmente la uva país, destacando su valor histórico y cultural dentro de la identidad campesina y vitivinícola de la zona.

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